interior, no son más que máscaras. Hay que compadecer al hombre
que se abandona a estos seres casi fantasmales, necesariamente
incapaces de satisfacer; pero éstas son las más capaces de despertar
más rabiosamente los deseos de un hombre: éste busca su alma y
continúa buscándola eternamente.
Humano, demasiado humano.
Nietzsche

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