pasado ya por sus embriagueces, por sus aureolas de sentimiento, por
sus mismos pensamientos y por sus raptos: se ofende sólo con la idea
de que todo esto haya podido suceder dos veces; pero adopta una
actitud completamente hostil cuando se le dice que no se puede ser
fecundo sino a condición de perder esas flores y privarse de su perfume.
Humano, demasiado humano.
Nietzsche

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada